miércoles, 7 de mayo de 2014

Yendo a contracorriente: La hegemonía de lo homogéneo



“El hombre solitario es una bestia o un Dios”
Aristóteles

Veréis, os parecerá una tontería, pero a mí me gusta ser yo, es una manía que tengo. Bueno, realmente, es una “pequeña” manía del ser humano. Sentirse único, diferenciarse del resto, verse como un ser individual con capacidades y habilidades propias de cada uno, sean cuales sean. Incluso yo en este momento con este tipo de perorata para empezar me estoy queriendo diferenciar.

La especie humana en sí lo es, y tenemos para elegir, raza, sexo, creencias, vivencias, habilidades, formas de ser, de sentir, de pensar, ay si, de pensar…

No hay que olvidar que en su defecto el ser humano es un ser social que necesita vivir en comunidad, relacionarse, comunicarse, aprender de los demás, a fin de cuentas socializarse, y si quitamos a la familia que es el primer agente social, nos encontramos con el segundo en la lista, la escuela, y entonces llegamos al problema.

Con la mente en todo lo dicho anteriormente deberíamos pensar que la escuela debe ser un lugar plural y abierto donde el niño debe socializar, conocer que existe gente distinta a él, con diferentes opiniones, pensamientos, ideas, y, en definitiva, realizarse como persona.

Pero, ilusos nosotros, víctimas de un sistema jerarquizado que nunca nos vio como personas si no como mecanismos de producción de un mundo capitalista.

La escuela en su amplia mayoría se ha organizado como un sistema homogéneo y dividido por secciones donde lo que ha primado nunca ha sido el desarrollo del alumno, mas bien su capacidad para ejecutar tareas repetitivas y sin conexión con el mundo que le rodea. La repetición lo mata todo, y, por supuesto la escuela no es una excepción. 

El problema es que si estuviéramos hablando de este tipo de escuelas como un hecho aislado o fortuito podría entenderse el error, lo malo viene cuando este es el tipo de escuela que se impone, cuando ella asume su hegemonía por encima del resto.

Pero no la asume porque si, este tipo de escuela agiliza la formación de maquinas e individuos carentes de opinión crítica, si partimos de la base de que todos somos distintos, ¿a quién se le ocurrió que todas las personas a la misma edad íbamos a ser iguales? ¿De quién sería la genial idea de imponer un determinado conocimiento a una determinada edad? ¿De quién sería la idea de matar nuestra individualidad? Sin duda, de alguien muy listo.

Matar nuestra individualidad, nuestras diferencias y en definitiva la heterogeneidad de la raza humana, simplifica muy bien y mucho el hecho de adoctrinar e instruir conductas y pensamientos que favorecen a los que se encuentran arriba de la línea jerárquica. Haciendo posible mantener el control y dominar a las masas. Les permite, en definitiva, ser dioses de un mundo terrenal.

Pero por suerte no todos acataron pasar por el aro calladitos y se dieron cuenta de ello, surgiendo así distintas formas de entender la educación desde un punto mucho más plural y libre, apoyándose en lo heterogéneo de la raza y haciendo hincapié en sus habilidades y capacidades, y en definitiva formando personas y no maquinas.


Apostar por lo heterogéneo, la diversidad y el libre desarrollo (Bien entendido), es apostar por la educación, ese el comienzo de una escuela ideal.




Nacho Lanza Canca









Los conflictos en la escuela tradicional: ¿Soldados de una democracia ficticia?

Cuando pensamos en el concepto de conflicto en la escuela que hemos vivido, no podemos más que asociarlo con el tema de los castigos. Es un reflejo, no se puede evitar, y es que todos sabemos que la única forma de resolver los conflictos en la escuela, era castigando. Bien estuviéramos en parvulario, en primaria o en secundaria, y aunque la intensidad de los mismos fuera diferente, el castigo se abría paso pisando y destrozando la comunicación en su camino. ¿Qué hay de averiguar el origen del conflicto? ¿De intentar hacer ver a las partes implicadas que hay una solución, a través de la comunicación? 

Nos encontramos en una escuela pública, y tal y como dice Beltrán, la escuela pública es un lugar de acción democrática, entendida desde el punto de vista de la comunicación. Puede llegarse a un consenso, o a un disenso, pero en cualquier caso estaríamos comunicándonos, y eso ya sería un avance social mucho mayor que cortar de raíz el problema a través de un castigo.

¿Qué pretenden las escuelas entonces? ¿Formar soldados o personas? ¿Por qué el orden debe predominar sobre la comprensión, sobre el entendimiento, sobre la cooperación entre miembros de un mismo entorno? Está bien claro que la metodología y la organización que se siga desde la dirección será la misma aplicada en el resto de la escuela, de forma que si un colegio, según Mónica Gather, se organiza de forma jerárquica, el orden va a ser el principal objetivo de éste. Lo importante es evitar los desequilibrios, las alteraciones, LOS CONFLICTOS. La burocracia debe predominar sobre todo, y en mayor medida, la homogeneidad. Todos los profesores deben dar el mismo temario, todos los niños deben adquirir los mismos contenidos, y sobre todo, todos los niños deben portarse bien. De esta forma, en el momento en el que algún niño rompe el equilibrio del colegio, debe ser castigado, como forma de aislarlo del resto del rebaño, para impedir que se contaminen. ¿Pero es esto justo? ¿No es nuestro trabajo como docentes educar, y no centrarnos en que aprendan sólo los que siguen la línea preestablecida? 

Con esta actitud discriminatoria lo único que hacemos es trasmitirle a los niños que lo importante es que todos sean iguales, que todos deben seguir una misma dirección, tener un mismo comportamiento, y esto no hará más que generar más conflicto, ¿o es que no nos acordamos de la pobre chica del colegio con la que se metían todos los niños? A veces por ser gorda, otras por ser fea, otras porque sus aficiones, su personalidad, o su forma de vestir, entre otros, no se asemejaban a la norma, a la mayoría, al conjunto de los alumnos. ¿Y no sería hipócrita entonces castigar al chico que la insulta, si lo que está haciendo es lo mismo que pretendes llevar tu acabo, apartar al individuo que desequilibra?

Como docentes, tenemos que aprender que todas  nuestras acciones tienen repercusión en nuestro alumnado, que es importante dar ejemplo, y que sobre todo, la diversidad no es mala, y de hecho, es lo que hace que una sociedad sea rica. Como menciona Beltrán, en una sociedad democrática donde existe comunicación, la subjetividad de cada uno de los miembros de una organización es crucial, la individualización, las diferentes perspectivas, y por ello es necesario fomentar esa comunicación, pero no solo entre alumnos, sino también en las relaciones profesor- alumno, e incluso en las relaciones profesor-profesor.

El colegio Nuestra Señora del Gracia es una gran muestra de la resolución de conflictos mediante la comunicación, ya que emplean lo que ellos denominan “asamblea”, donde tanto profesor como alumnado se reúnen, situados en el mismo escalón, sin jerarquías, para resolver cualquier conflicto que tenga lugar. Puede que sea una pelea, o cambiar un examen de fecha, o un malentendido entre compañeros, pero todos por igual dialogan, dan su opinión y participan en la decisión de las medidas a llevar a cabo para encauzar ese conflicto. ¿No sería esa la verdadera escuela democrática? ¿No educa mucho más que un castigo?

Sería maravilloso poder contar con ese tipo de acciones en las escuelas tradicionales, pero muy pocos profesores son capaces de llevarlo a cabo. ¿Por qué? Son varias las razones, pero la principal es la lucha de poder que se lleva a cabo constantemente en estas instituciones educativas. Parece haber una especie de escalera simbólica, y cada uno tiene su lugar, más bien como una “caja de huevos”, como menciona Mónica Gather en su artículo, lo importante es que cada uno sepa lo que tiene que hacer y punto. Todos los profesores tienen que dar lo mismo, y tienen que actuar de la misma forma ante las mismas situaciones. Un profesor no puede llevar a cabo un aprendizaje por proyectos en su clase sin que el resto de profesores y el director lo presionen a seguir la línea, a continuar con el equilibrio, del mismo modo que implantar una forma de resolver conflictos de forma diferente provocaría la misma respuesta en profesores y dirección.

Todas las ideas halladas al margen de lo acostumbrado, de lo tradicional, de “lo de toda la vida” queda sujeto a presión, a crítica, a juicios, y esto se debe al sedentarismo del magisterio. Si es cierto que como hemos mencionado, una asamblea como forma de resolución de conflictos resulta más democrática y justa, pero implica un esfuerzo del profesor, implica hacer más de lo que te piden, y muchos no están dispuestos, por lo que critican a los que se “esfuerzan de más”. Si del uno al diez me esfuerzo un seis como profesor, no voy a querer que nadie se esfuerce más, porque entonces mi esfuerzo parecerá muy poco y perderé autoridad, perderé poder.

Todo se resume a eso, a poder, a normas, a líneas divisorias, y sedentarismo, a un sistema que se ha quedado atascado sin darse cuenta de que, lo que valía antes, no vale ahora. Pegarle a un niño con la regla en la mano era efectivo en la época de nuestros padres para evitar conflictos en clase, pero lo único que aprendía el niño era que portarse mal significaba un reglazo. Actualmente la psicología se ha unido a la educación, y la pedagogía está presente, o debería estar presente en cada una de nuestras clases. Nuestro objetivo no debería ser el orden y el silencio, debería ser el aprendizaje, conseguir que los niños se hagan consecuentes de sus actos, que reflexionen, que creen esquemas en su cabeza y que maduren como personas. Al fin y al cabo, los niños de hoy serán los gobernantes de mañana, y de nosotros dependerá, en cierta medida, que estos niños nos proporcionen un futuro basado en una verdadera democracia,  un país basado en la comunicación entre gobierno y pueblo, un espacio dedicado a la libertad, en el que cada habitante es consciente de las repercusiones que tienen sus actos sobre la sociedad con la que convive.

lunes, 5 de mayo de 2014

De la obsesión por el orden al estancamiento social y cultural.

     La obsesión por mantener un orden termina por alienar la verdadera naturaleza de las escuelas: cuando se ha de volcar en la búsqueda del cambio a mejores ciudadanos y sociedades mediante la educación del alumnado y a través una adaptación constante para cada generación se lleva a cabo precisamente el efecto contrario. Si la organización de las escuelas no se adapta al tiempo que vive, su efecto es nulo. 

     La organización escolar actual sigue una lógica burocrática y profesional que obliga, en cierto modo, al profesorado a cumplir con su trabajo al 50% de su potencial a causa de algo tan simple como la falta de tiempo. Este tipo de organización no permite el desarrollo de una pedagogía efectiva, hace que el trabajo como profesor se vuelva repetitivo, aburrido, tanto para él como para sus alumnos.
     Este tipo de jerarquías no hacen otra cosa que automatizar el funcionamiento de lo que es el núcleo de nuestra sociedad. Lo que sale de las escuelas determina el futuro de un país en todos los aspectos: cultural, social, político. Se ha llegado a un punto crítico en el que necesitamos un cambio, una depuración, y para conseguirla debemos mirar por humanizar las escuelas, no aferrarnos al modelo clásico con algún que otro arreglo postizo (la supuesta modernización tecnológicas de las escuelas que simplemente sustituye la tiza por la pizarra digital, pero no le da ningún uso innovador). 

     Nos damos buena cuenta de que el modelo de organización educativo de las escuelas convencionales es incompatible con la filosofía actual de las sociedades desarrolladas, en las que pesa más el desarrollo de las aptitudes personales de cada niño que la formación académica clásica de memorizar sin reflexionar. Por esta misma razón el desorden puede ser clave para que al fin superemos este bache y se produzca una evolución.
     Tristemente, en nuestro país se produce también un choque cultural muy marcado por los que confían en las alternativas a la educación convencional y los que no lo hacen o simplemente no se plantean el cambio. ¿Estamos verdaderamente preparados como sociedad para una educación alternativa? Hay valores tan fuertemente arraigados, al igual que desfasados, en nuestra cultura que dificultan el mismo proceso de búsqueda de soluciones al problema, y para poder alcanzar una solución se necesita el apoyo de todo actor en esta situación, es decir: madres, padres, hijos, profesores, directores, políticos…
     Las trabas que provocan en pos de que el sistema escolar siga siendo un sistema para que nada cambie alcanzan magnitudes colosales, y la transformación que está sufriendo nuestra sociedad es proporcional al trabajo que nos costará arreglar y adaptar todo lo que se ha empeñado en mantener igual.
     Es un cambio grande, difícil de conseguir, pero precisamente por las complicaciones impuestas por factores exteriores. La configuración actual que determina el funcionamiento de la escuela está, hablando claro, podrida y hay que optar sin miedo por las alternativas si queremos curar la cultura y asegurarnos un futuro que se presente mejor.

Alba Ordóñez García

Conferencia: Construcción Socio-Histórica de la Escuela

Notas tomadas por Alba Ordóñez y María Fernández en la conferencia de Ignacio Rivas en la Facultad de Educación en la Universidad de Málaga sobre la construcción socio-histórica de la escuela.

Conferencia: Construcción Socio-Histórica de la Escuela

En la modernidad entendemos la escuela como:
  1. Opción institucional: es una opción, no es ineludible. Utilizada como herramienta por colectivos hegemónicos de la sociedad para llevar a cabo un proyecto social (tienen el control cultural, social, etc).
Gira en torno a tres ejes: racionalismo (surge de la ilustración), liberalismo (sistema económico y social que pone en primer plano al individuo – resalta la competencia), idea de estado y nacion (cambio de soberanía – autogobierno).
La escuela nueva cuestiona los principios racionalistas por los que afirman que el concimiento son un conjunto de verdades, y la forma en la que los transmiten.
  1. La socialización de los sujetos se basa en cuatro
principios clave de la escuela : UNIVERSALIDAD, OBLIGATORIEDAD, GRATUIDAD, LAICIDAD.
  1. Perspectiva intencional: Diseñar intencionalmente un modelo que lleve a cabo esta socialización y principios en las escuelas. Proyecto intencional desde la acción del Estado.

PROCESO DE INSTITUCIONALIZACIÓN
Se han de a
nalizar todos los componentes de la escuela, disposición de las aulas, libros de texto, relación con los alumnos, etc.
Factores que afectan a la escuela: Culturales, Morales-Religiosos, Técnicos, Políticos, Sociales. Son los factores principales de la sociedad industrial.

EJES DE LA EDUCACIÓN: por un lado ha de configurar la nueva moral ciudadana y capacitados para trabajar en la nueva sociedad industrial emergente.



Actualmente seguimos enmarcados en el periodo de la Modernidad, el cual ha configurado todas las instituciones de hoy, aun así hablamos de un periodo actual de Postmodernidad.

Partiremos de la definición de ESCUELA, que nos dice que es una opción institucional que la sociedad adopta como forma de llevar a cabo la socialización de los sujetos desde un punto de vista intencional.

Al referirnos a esta definición no queremos decir que es la única opción posible, sino que es la herramienta de los colectivos hegemónicos de la sociedad para llevar a cabo un proyecto social.

1. El racionalismo: surge como producto de la evolución del pensamiento ideológico (Ilustración). De él se transmite el principio de que existe un conjunto de teorías o ideas ciertas que se quieren implantar en la escuela.

2. El liberalismo: hablamos de un sistema de relaciones y de entender estas respecto a la sociedad. Un sistema filosófico y económico y que pone en el primer plano los derechos del  individuo, la cual está por delante de los derechos del colectivo.
El sistema de calificación actual emana del liberalismo.

3. Idea de estado nacional

La escuela es un producto de un proyecto de un colectivo y tiene la finalidad de socializar.
Principios sobre los que se rige la escuela de la modernidad: universalidad, gratuidad (escuela pública y algunas otras instituciones), obligatoriedad (etapa en la que todos los niños deben acudir a la escuela 6-16 años) y la laicidad (no existe una definición religiosa en la escuela).

El proyecto de escuela es un proceso intencional regulado por el Estado. Pero hoy día en nuestro país el Estado está gobernado por un Gobierno el cual es el que regula la educación y por ello cada vez que se produce un cambio de éste, se cambia la legislación. Por ello, lo suyo sería que las instituciones del Estado fuesen las que se encargasen de regulación de la Escuela.

Todo lo que ocurre en la escuela tiene un contenido: social, cultural, etc.


Los factores de institucionalización están formados por los factores culturales, morales-religiosos, técnicos, políticos y sociales los cuales crean una sociedad industrial. Esta sociedad produce cambios en el funcionamiento de la escuela, tras la 2ª GM la tecnología avanzó y se observaron cambios en la escuela de ámbito curricular. Hoy día estamos en la 3ª Revolución Industrial, con cambios tecnológicos que afectan a la educación.

domingo, 4 de mayo de 2014

La libertad y el ritmo del individuo como base de su educación y desarrollo



“El ritmo es algo vivo, portador de salud”
 
                                                 Rudolf Steiner

Desde que nacemos estamos sometidos a una serie de acontecimientos determinado por aquello que conocemos como “biología”, otros tantos vendrán determinados por el ambiente, pero estos ya serán tratados en otra ocasión. El ritmo biológico de cada individuo es diferente pero a su vez lo suficientemente común para establecer una pautas de desarrollo a lo largo de la vida. Y es aquí donde, junto al concepto de libertad, el filosofo austriaco Rudolf Steiner sentaría sus bases metodológicas y de lo que a día de hoy conocimos como Escuelas Waldorf.

A priori desconocidas, las Escuelas Waldorf llevan entre nosotros desde hace más de 60 años, impulsando un modelo de educación que poco o nada tiene que ver con el actual que imparten la mayoría de centros e instituciones, cambiando radicalmente su forma tanto en los aspectos organizativos como didácticos y metodológicos.

Este tipo de escuela debe verse desde la libertad, es decir, alejada de todo interés político, económico o de cualquier otro tipo. No puede entenderse desde otro punto de vista que no sea este, desde la libertad, la autoadministración, tanto a la hora de elegir a los maestros como para aplicar un determinado programa escolar, sin olvidar la parte económica y por supuesto las relaciones sociales tanto dentro de la misma como con su entorno.

Si nos vamos a una definición más exacta la podemos definir como: 

“Escuelas libres formadas por exclusivamente por el trabajo conjunto y colegiado de los profesores y por el estrecho contacto y participación de los padres que forman parte de la Asociación de padres y maestros, que colaboran en la administración de la escuela y participan en el proceso educativo y formativo de los escolares”

Una vez que tenemos una definición más concreta podemos entrar a ver cada uno de los elementos que componen la misma desde los distintos puntos de vista y como la libertad y el ritmo individual están presentes en toda ella.

No se puede empezar a hablar de la organización en una escuela Waldorf sin hacer mención a la triformación social, formada obviamente por tres niveles: El cultural, el jurídico y el económico.

·         En el primero encontramos todo aquello relación con la parte pedagógica de la escuela, donde cada profesor tiene libertad de movimiento para operar como quiera basándose siempre en la libertad del niño y en potenciar sus cualidades.

·         El segundo es aquel referente a la parte social, donde todos los que conforman el centro tienen unas obligaciones y unos derechos determinados por su rol dentro del mismo.

·         Y para finalizar, el económico incluye todo lo relacionado con sueldos y estructuras económicas del centro, dando unas ideas totalmente contrarias a las ya conocidas como son el Capitalismo y el Comunismo, la de la Fraternidad en economía.

Vayamos sin más dilación a centrarnos en los dos primeros puntos de esta trimembración comparándolo a su vez con el sistema actual que tenemos y que tuve a lo largo de mi época estudiantil, la cual aun no ha acabado, pero que desde mi punto de vista se encuentra en un punto lo suficientemente alto como para poder elaborar una comparación con criterio y fundamentos.

En este tipo de escuela la función del profesor no es la de trasmisor de conocimiento como podría ser en una escuela común en España. Aquí va mucho mas allá, basado en los cambios biológicos que el ser humano experimenta en sus primeros 14 años de vida, y con el fin de adaptarse a ellos,  el profesor guiará al alumno a través de un mundo de conocimientos, sensaciones y experiencias lúdicas y educativas basadas en el contacto, en lo real, en aquello que está presente.

Este ritmo biológico conducirá tanto la progresión del niño como la actitud del maestro ante los cambios que vayan ocurriendo, para ello y en contraposición a la escuela actual, donde lo que importa es el libro y no la persona, el maestro pondrá a disposición del alumno una serie de materiales de tipo artístico, como puede ser la pintura, la música y el baile (O euritmia) con los cuales aparte de fomentar su creatividad, le servirán para introducir otros conceptos como son la lengua y las matemáticas.

De este modo los conocimientos se asientan mucho mejor ya que el aprendizaje es significativo porque parte de nuestras experiencias y nos lleva a un nuevo conocimiento, nuestras redes neuronales generan nuevas redes cognitivas que a su vez impulsan nuevas ideas y estas a su vez ayudan a la creatividad del individuo en base al conocimiento adquirido.

Es ahora cuando me gustaría centrarme en la creatividad para decir que a mi gusto, en un mundo donde la información está al alcance de un “Click”, las ideas, la creatividad, es de las pocas cosas que tienen valor. Impulsar estas y fomentarlas es esencial para seguir desarrollándose, tanto como individuo como sociedad, hay que ir mas allá de lo que se nos muestre y hay que dejar siempre pie a nuevas formas de ver las cosas.
Remarcar también el uso del cuento como pieza para mostrar diferentes circunstancias o experiencias será clave para la transmisión de un pensamiento que se quiere hacer llegar al niño pero de un modo mucho más natural y lúdico que un libro de texto al uso.

Este tipo de metodología no se preocupa por el tiempo invertido en cada actividad, ni deben preocuparse por llegar al último tema del libro ese tan importante que ciertas editorial ha logrado colocar en X centro, y que padres exigen y siguen a pies juntillas.

En las escuelas Waldorf la Didáctica y la Organización tanto del aula como de lo que se enseña no viene predispuesta por los cánones habituales, todo está dispuesto para favorecer al alumnado ya que lo que cuenta es la realización de la persona, como eso, como persona, no como una esponja que debe absorber tanto conocimiento como la sea posible para luego vomitarlo en un examen, esto no  trata de saber rellenar nada, ¿verdad, informe PISA?, se trata de formar algo mucho más importantes, personas y con ello ciudadanos de un mundo plural, libre y crítico.

Esto último es lo que hace crear buenas y sanas relaciones con los compañeros ayudando así al trabajo en equipo, ayudando a todos los niños a relacionarse entre sí.

Cabe reseñar que en estos centros aparte de no haber libro de texto, y que los alumnos a lo largo del curso diseñen el suyo propio con su material, también carecen de exámenes, al final de trimestre suele entregarse a los padres o tutores un boletín con el desarrollo de su hijo, aquello en lo que destaca y aquello que debe mejorar, evitando así el temido “fracaso escolar” por culpa de unas malas notas, merecidas o no.

Esto último es totalmente impensable en la mayoría de centros actuales, la sociedad occidental basada en el neoliberalismo y la competitividad malsana busca la competencia extrema por encima de todo y nos lo quiere inculcar desde bien pequeños, calificando nuestro desarrollo.

Para ello es fundamental que tanto padres, como maestros se comprometan y colaboren con la escuela, al fin y al cabo la educación debe ser un compromiso de todos, hijos o alumnos, todos ellos representan nuestro futuro.

Todo ello también se ve reflejado en la organización del centro tanto en sus horarios escolares como fuera de ellos.

En este punto y comparando con las escuelas tradicionales donde los horarios van más bien en consonancia a lo que se puede más de lo que a se debe, encontramos horarios muy descompensados y carentes de sentido.

En las escuelas Waldorf los horarios están dispuestos en relación al ritmo del día y del niño, suele ser preferible empezar por actividades más explosivas y acabar con otras más relajadas, al fin y al cabo es nuestro ritmo natural el que marca esta tendencia. 

Es aquí cuando alejándonos ya de la parte didáctica y metodológica entramos en la organizativa, esta suele estar establecida por diversos órganos de gobierno compuestos a su vez por maestros y padres, tanto separados como conjuntamente.

Aunque esta organización queda a cargo del colegio en si podemos encontrar algunas pautas que se repiten en ellos. Encontramos el claustro o Junta General de Maestros formada por todos los profesores del centro y dentro de este y elegido democráticamente, está el equipo directivo o junta internar que se responsabilizara de las funciones más importantes del centro, como pueden ser la contratacion de nuevo personal, despidos, etc.

Existe también un consejo rector encargado de coordinar los órganos de participación del centro. Tanto en clave administrativa como económica.

Y por último las comisiones donde padres tienen su voz y pueden participar en la vida del centro, involucrándose con el mismo y siendo participes de la educación de sus hijos, aportando ideas y escuchando a los profesores con el fin de comprender lo que se quiere llevar a cabo y ayudando a ello. 

Las pretensiones con este sistema son muy claras, buscar la descentralizacion de las funciones y responsabilidades con el fin de que las tomas de decisiones sean cosa de todos, para ello todos los miembros del centro suelen reunirse cada X tiempo, ya sean profesores,  jardineros, padres, etc.  Con el fin de ir viendo el discurrir del centro y los diferentes sucesos que acontecen en el creando así una escuela más dinámica, participativa e implicada que si siguiéramos una lógica burocrática totalmente jerarquizada, es obvio que las escuelas Waldorf están dentro de la ley a la hora de muchas situaciones, pero tienen un modo de organizarse totalmente diferente al resto que las hacen especiales y únicas.

Si tuviéramos que dibujar su organización nos basaríamos en un árbol donde en el centro están los alumnos, a ambos lados se encuentran los maestros y los profesores y a su alrededor encontramos el claustro y  el consejo rector, en la base de todo esto estarían las asambleas donde todos se reúnen, y a los pies de estas, es decir, en las raíces, encontraríamos todo el resto de la organización sobre la que se fundamenta esta metodología, como puede ser la secretaria, la contabilidad del centro, etc.

Llegados a este punto hemos podido ver cómo se organiza una escuela Waldorf tanto didácticamente como administrativamente y no hay que ser muy listo para comprobar que poco o nada tiene que ver con la mayoría de centros que hay en el territorio español, actualmente contamos con 41 centros Waldorf en toda España y creo recordar que en Málaga, en la zona del Cerrado de Calderón se encuentra uno de ellos.
Sería muy hipocritica por mi parte no comentar los fallos que le veo a este tipo de colegios, lógicamente nada es perfecto, así que vamos con ellos.

Principalmente he encontrado dos fallos: La lógica del tiempo y la remuneración de salarios.
Aunque el maestro no se encuentre supeditado a un libro o algo por el estilo, la propia lógica de este tipo de centros que se sigue, donde se basa en el desarrollo del individuo en todas sus vertientes, los periodos críticos de aprendizaje del ser humano limitan en parte ese desarrollo tan libre que se quiere hacer creer aunque solo de una manera poco significativa.

Por otro el concepto de fraternidad en economía donde cada cual cobre respecto de lo que se comprometa me parece que cae por su propio peso cuando es harto complejo discernir qué tiempo ha empleado dicho individuo a la consecución de su trabajo o si de verdad le ha costado algún esfuerzo realizarlo, supongo que esto estará mucho más especificado en la parte económica del centro que solo dejado así en el aire.
Para finalizar y como conclusión decir que, si el propósito de estas asignaturas era elaborar una idea sobre como seria nuestra escuela soñada o ideal, esta dista muy muy poco de la metodología Waldorf. Donde premiar el libre desarrollo del niño incentivando a cultivar las artes, hacer del individuo una persona crítica y compleja que va mucho más allá del libro. Haciéndose un ser humano creativo, solidario y confiado en si mismo (en el buen sentido de la expresión), que el día de mañana podrá sentirse orgulloso de el y que sobre todo seguirá formándose gracias a la motivación intrínseca adquirida en el proceso de enseñanza aprendizaje llevado a cabo por un grupo de padres y maestros comprometidos con la educación, que sin duda son el eje central de todo esto junto al alumno en si.

La unión de familias y profesores, clave en estos centros, debería llevarse a cabo mas allá de las tutorías con padres una vez cada X tiempo en los colegios usuales, luego llegan las quejas de padres sobre sus hijos, solamente fomentando la participación de las familias lograremos que todos se sientan responsables de la educación de sus hijos.
Me parece un proyecto con unas bases muy solidas para una escuela ideal, no de seres con mucho conocimiento, que también, si no de hombres y mujeres libres y comprometidos con el desarrollo de ellos mismos y de los demás.

Decir simplemente que, si la educación fuera o fuese un arte, la metodología Waldorf sería un gran lienzo desde el cual empezar.

No hace falta imaginarla, solo llevarla a cabo.

Ignacio Lanza Canca